Junto al río, sembraste la huerta,
que ese verano, os daría de comer,
junto a ella, construiste tu hogar,
muy cerquita de un viejo olivar.
En la choza, pusiste un colchón,
y tus niños dormían en el.
Una mesa y dos troncos de olivo,
que de sillas, hacían también.
el abuelo, se fue a trabajar,
no muy lejos, a la finca del rico,
porque había que echar el jornal,
para el hambre, aplacar un poquito.
Eran ocho, los hijos que tenías,
aunque, más fueron los que pariste,
tú veías, que de hambre morían,
y sufrías, pero resististe.
Fueron tres, los que al río llevaste,
los pequeños, que aún teta le dabas,
ese día, salieron las nubes,
la tormenta, en el cielo asomaba.
Y de pronto, caía a raudales,
ese agua que ya se anunciaba,
mientras tú, vigilabas cosiendo,
que tus niños allí descansaban.
Más de pronto, escuchaste un estruendo,
y saliste corriendo a mirar,
era el río, que ya desbordado,
a tu choza, quería llegar.
Sin pensarlo, cogiste el colchón
donde tus pequeñines dormían,
a un olivo subiste corriendo,
como loba que arropa a sus crías.
El agua, se llevó la choza,
la huerta, se anegó con ella,
pero tú, le salvaste la vida
a tus pequeños, José, Mª Gracia y Adela.
LOLI ROMERO.
lunes, 21 de junio de 2010
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A partir de este episodio de su vida, mi abuela Dolores,una mujer fuerte y trabajadora, enfermo con mucho dolor en todo su cuerpo, y falta total de energía. Padeció durante 30 años una enfermedad que entonces llamaban nervios,hoy su diagnostico sería Fibromialgia.
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